La nieve debe llegar al rey Saladino,
la nieve debe llegar al corazón del desierto.
Cabalga veloz, bestia, bajo el soplo de dragón,
que llegue a refrescarme el rostro
y tu pecho. Si entrasen en las tinajas
por tu piedra de afile de brisa
me regalarías arcos en el reloj.
Pero es imposible soñar,
una parada, un respiro y el riesgo
así que corre o no llegaremos.
La nieve debe llegar al rey Saladino
cuando sediento espero en su tienda
de victoria la ofrezca a reyes cautivos
o moje los labios a generales heridos.
Esta nieve impecable beba,
muerda la escarcha, aplaste contra el paladar
hielo y con el calor de la garganta
conviértala en agua.
Qué tentador es, bestia, aceptar
la sentencia por robar un puño
aún con un millar de sicarios
cada médano tamizando.
Me dijo a voces un mercader
antes de que se borrasen los caminos
“pareces casi tan rápido como Maratón,
Dios te guarde mejor destino”.
No entendí sus palabras, en el aburrimiento
vibra su cuestión, en los descuidos
que deja hueco mi miedo,
último eslabón de los mensajeros.
Recuerdo gritar a los maestros qué honor
sin saber que los segundos cristalinos
son ciudades en los hombros,
cimitarra en el gaznate.
Ahora estoy sólo contigo, amigo, solos.
Yo que quería honrarme de pueblo
a aldea, ahora la sed de un rey es mía.
Pareja de suerte el agua y mi sangre,
si reina derramada cae la hermana
calma de quemaduras en la espalda
de alacranes durmientes
por el verdugo hasta las dunas
cencidas recién por el viento, puestas.
Cebreadas por serpientes de sombra
de irregulares cimas
como espinas de caballos enfermos.
Adentrado en esas herraduras
Tú, mi remedo de ventisca errada,
una mala coz de las tuyas casi nos cuesta
verticales los ojales de las ánforas
con la boca abierta al jaloque que talla
nuestra aleación de plata, cobre y oro
abrasada por él, la sed y cuatro ojos.
Amigo, vuela.
Salivo el calor de cuero y el sabor curtido
en las tribus que permiten sus pozos rabadanes
donde me uní con otros jinetes.
La necesidad de no dormir
me hace ligero de equipaje
pero el sueño pesa de forma diferente.
Cavilo en el primero de nosotros
que dijo al resto de hermanos
que la nieve cubre montañas enteras.
Las cumbres nevadas, como las playas,
las veré en el cielo. Hasta la muerte
la vida en arena, senderos y pantanos.
Mi amigo, ignora las cavilaciones y vuela.
Necesito en tu coraza roto el aire caliente
batiendo brasas de cada grano en incandescentes
fulgores. A la llegada en la turba
de los relinchos entregados serás uno más
pero queda la paz con tu aliento
a la vera del algún abrevadero
Tu negra alga sudada promete hado
con mozos de cuadra encandilados,
arenal de espartanos de marfil y carne dura.
Sé de tu espuma en el bocado, de tu vaho
de tormenta contra el polvo que levantas
segundos antes de que bese con mi turbante.
No desistas hermano, nos va la vida en ello.
Ya, sobre tu cruz echado, ni veo
el envés de jaimas despuntadas al cielo
ni tu yeguada. Pienso que a mi paraíso
le sobran cuatro ríos,la miel,
el vino, sólo quiero un trago,
las vírgenes.
Volver a ser virgen y ante cascada,
río. Me basta el jardín materno
y un solo limonero de sombra ancha.
de almohada un amigo de la infancia.
Pero no, nos va la vida en ello,
levanta
aunque uno de los dos muera por el camino,
hermano, la nieve debe llegar al rey Saladino.
Nos va la vida en ello.
Todos los textos del blog son originales de Alejandro Soto Guerrero. Por favor, no los copies, robes o distribuyas sin el consentimiento.
lunes, 15 de octubre de 2018
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