lunes, 15 de octubre de 2018

Indomable

El pensamiento da pespuntes
y crecen afluentes por el cuerpo.
Lo más frecuente es solo el dolor,
si la tierra donde cava es carne
asimétrica de sufrimiento
en espirales de contracturado sueño.
A más profundidad el casco rompe
cavidades huecas, libera bestias
en cada hilada, anuda bocas
y el hambre libera o aísla fibras
cuando el músculo se cansa.
Y como un delfín de acero
pirueta por las superficies
dentro y fuera, sin gravedad,
hasta la punta de los dedos...
Se precipita hasta la ondulación
invisible del aura.
Así me teje el pensamiento
sin darme cuenta una almadraba
donde me encierra, estando yo quieto.
Y cada nudo ciega y da sed,
me ayuna y despluma el sueño.
Ha desangrado cualquier solaz
y pisa el ahogo de cada nudo el afán
y los resquicios de su crecimiento.
Lo temo. Este efecto de fatalidad,
y el desastre, sin quererlo,
al dejar caer el hilo de esa sentencia
por mi oído, cómo borbotea el veneno
y comienza a avanzar dando pespuntes
por mi cuerpo. Ese pensamiento
aunque fuese sordo encontraría
otra forma de entrar. El peor veneno.
Y para curarlo, para olvidarte,
como antídoto sólo tengo
el indomable paso del tiempo.

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