jueves, 24 de diciembre de 2009

Antínoo (septiembre 2008)

La estatua sólo llora cuando hay luna llena -¡No logro el agua en mí mismo! Ni siquiera un recuerdo vivo de aquellas donde me hallé completo...- Sus lágrimas son el reflejo del astro en las blancas mejillas -Aún recuerdo el Río...-. Si la noche es nueva la estatua llorará en silencio. Ni los sonámbulos ni los ávidos soldados advertirán su llanto si no tocan su figura, fría y serpentina. Si la noche es nueva sus labios de piedra tallada, perfectos e ingenuos, quedarán esta vez secos de lágrimas, y siempre sedientos de otro hado. Si llora, sus lágrimas las secará el sol de la mañana. De nuevo, nadie sentirá lástima si en la luz sólo reluce su silueta inexpresiva. Y nadie reparará en sus ojos tan blancos y tan puros, espejos de su sentimiento callado. Nadie sentirá su corazón trémulo y etéreo tras la piel marmolina, dura e impasible. Esperará el paso de las multitudes, y a que pasen los días. Sueña que ojalá fueran miradas delicadas porque cada mirada adusta talla su alma, sin cambiar su efigie tallada. Luego otra vez llegará la noche. Otra vez hallará el frío. Y otra vez se quedará sola.
Porque ella es el silencio no se oye nada en el domo. -¿Brillará esta noche la Luna?-.

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