lunes, 15 de octubre de 2018

Farallones

Se han muerto los gigantes
del mundo
(están jugando a no respirar
si hay niños delante)
Y no han conseguido ahogarles
los pies. Las islas de Phang Nga.
Las burbujas de aire
que bajo agua decidieron vivir
con una nueva piel transparente
ahora alimentan a las tortugas
que viven eras si sobreviven
a nuestro plástico camaleónico.
Pero rebosan las medusas sobre las costas
que no caben entre tanta bolsa.
Y morimos todos juntos
porque reciclamos el veneno:
El patrimonio de alquimia
con sus antepasados
es útil para varias especies.
A la tortuga con la que compartiré
nicho la mató un ancestro.
Y nosotros siempre primero,
Primer uso efímero y ya luego
la mágica relación de arrastre.
Nos sirve todo para envenenar,
nos sirve todo lo que nos es inservible
una segunda vez.
Y morimos todos juntos
y a veces nosotros primero:
Merece la pena la abrasión
de dientes con micropolímeros
que migran hasta el objetivo marino
sin prisas al tener toda la eternidad
para sumarse al plancton plástico
nuestro blanca sonrisa.
Fósiles de carey y dientes cegadores
envueltos en papel de film
en la cápsula del tiempo
para dentro de un millón de años.

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